Incertidumbre, hipótesis, interfaz

Patricia Reed

Enredados en un mundo de enmarañamiento complejo, nuestra navegación a través de él, o las formas en que co-habitamos su biosfera, parecen estar, desde el punto de vista político, en un punto muerto. Progresivamente, el mundo se impulsa por sistemas tecno-científicos de escala planetaria, y nosotros somos cómplices con esta realidad, por lo que cualquier insistencia romántica en la primacía de lo experiencial, cualquier promesa de una ‘brújula estética' que guíe la vida y la razón, no puede ya cumplir con su otrora potencia emancipadora. Poco uso puede tener el ‘libre juego de los sentidos’ cuando se confronta con ‘objetos-promedio’—objetos como el clima, cuyos residuos, como el tiempo meteorológico, pueden sentirse, pero cuya existencia es una de medio abstracto, pluri-local, multi-sistémica y (al menos antropocéntricamente) generacional en su temporalidad. Y sin embargo—al refutar este modelo altamente subjetivo—, la tentación de apoyarse en la ‘estabilidad’ de la ciencia como fuerza objetiva dirigente conduce también a un punto muerto en cuanto a incentivación, y lo hace por dos motivos: en primer lugar, porque la diseminación de información pura no conduce directamente a cambios de conducta en la actividad (la correlación no-auto-evidente entre saber y hacer); y en segundo lugar, porque se trata a las ciencias duras como si fueran suministradoras de hechos estables (en un consenso uniforme y perdurable), cuando el único hecho es que el diseño mismo del proyecto científico está basado en el revisionismo. Como señala Wendy Chun, los debates actuales en torno al cambio climático, por ejemplo, persisten no porque exista un desacuerdo científico, sino por la extendida idea falsa de que los problemas científicos pueden alcanzar un estado de certeza absoluta—y que para la evaluación adecuada de esos problemas se requiere de tal certeza 1. Chun señala además la instrumentalización estratégica de la incertidumbre por parte de la derecha para alimentar la duda pública y la inacción (en un uso perverso de los procesos de razonamiento crítico), como si en algún momento fuese a alcanzarse una resolución total y final. Lo que plantea Chun es precisamente la necesidad de abordar la estancada correlación entre incertidumbre e inacción, afirmando la urgencia de aprender a convertir incertidumbre y riesgo en motores para el desarrollo de actividad 2. Es central a su argumento el papel de la creencia—no en el sentido teológico de ‘acto de fe’, sino en el sentido inferencialista, ya que esos objetos promedio productores de riesgo impiden la conexión entre conocimiento y experiencia (o como ella lo denomina, aprender de las impresiones sensibles). En última instancia, lo que esta politización del riesgo implica es una nueva formulación de la relación entre la teoría abstracta y la práctica material; inferencia y acción; una en la que el modelado abstracto y el razonamiento hipotético adquieran fuerza social y libidinal convirtiéndose así en técnicas útiles para alcanzar un horizonte futuro que pueda servir a muchos.

A medida que se aprecia un (bienvenido) giro en los discursos teóricos hacia perspectivas de ‘totalidad’, o análisis escalares multisistémicos 3, que responden a las limitaciones impuestas por ciertas inclinaciones postmodernistas que privilegian los fragmentos, lo particular y lo local; es importante que este giro no tome la forma de un rechazo absoluto hacia esta herencia postmoderna, sino que debe (en parte) movilizarla para su integración. Si pensar la ‘totalidad’ supone plantarle cara a la violencia histórica del universalismo ilustrado, una síntesis (y no un colapso) de las localizaciones y las diferencias es de suma importancia. Por sí solas, las perspectivas locales o únicas no son suficientes para hacer frente a las entretejidas demandas planetarias que debemos confrontar hoy, pero ser conscientes de ellas evita que sean analizadas como un ‘o bien’ o una dicotomía—evita que se creen enfrentamientos entre perspectivas. Enmarcar las ambiciones cognitivas escalares como una dicotomía es incompatible con las exigencia planetarias ya mencionadas, y corre el riesgo de repetir la inscripción de una perspectiva particular a una escala masiva y, por lo tanto, colonizadora. Hablar de la ‘totalidad’ no significa que se pueda ignorar lo local—al contrario, lo local es constitutivo de la ‘totalidad’; pensar la totalidad requiere partir de, y ramificarse desde, una perspectiva local 4, por lo que la demanda profunda de pensar la totalidad no se basa en la formulación (una vez más) de un modelo omnisciente e imposible, sino en comprender el movimiento bidireccional que se da entre lo local y lo global, lo particular y lo universal, y en asimilar cómo operan estas transiciones. Pensar hoy una totalidad que refute estructuralmente los efectos allanadores de los esquemas verticales de arriba-abajo, supone, en última instancia, un compromiso con un proyecto mereológico 5 de pensar la relación entre las partes y el todo, pero también la relación de las partes entre sí dentro de un todo. Este propósito requiere una metodología sintética qua totalidad, dado que la síntesis impide el derrumbamiento de las distinciones dentro de un todo unificado, y por el contrario representa una cartografía de relaciones sin una fundación fija de partida (sin una falsa estabilidad o certeza que fije una perspectiva particular). El ethos sintético está compuesto por un movimiento triádico entre mediación, integración e iteración—un movimiento que tiene parte de análisis, y parte de ensamblaje; parte de disección y parte de operación de ‘pegado’ como un gesto de integración. Esta función de pegado de la síntesis—un concepto parcialmente derivado del trabajo del matemático Alexander Grothendieck sobre la lógica de haces y también del trabajo de Charles Sanders Peirce sobre el continuum—es una herramienta cognitiva prometedora si pretendemos comenzar a aunar y componer, pieza por pieza, una totalidad que se dé como una construcción no-absoluta y como un sistema implícito, dinámico e integrado. 6

Si hemos de perseguir colectivamente algún tipo de agencia política dentro de la actual complejidad multi-escalar, nuestros retos ‘sintéticos’ pueden diagramarse de manera sucinta, en dos niveles, a través del concepto de la estereoscopia. El primer nivel lo constituye nuestra habilidad para crear conceptos que puedan articular una perspectiva mereológica o sintética entre lo particular y lo planetario, entre el lugar y las condiciones del entorno, y que nos lleven hacia un modelo de entendimiento sistémico 7 robusto que nos ofrezca un espacio más preciso para la imaginación de la movilización política. El segundo nivel supone la superación de la apropiación de la incertidumbre científica (el hecho de que los sistemas de gran escala nunca puedan ser asimilados por completo, dirigidos, o conocidos con certeza absoluta) como justificación para la no-acción, la necesidad de construir un incentivo causal entre un conocimiento incierto (o una probablidad-conocimiento) y el hacer, entre un pensamiento no-absoluto y el gesto —con el fin de que los logros epistémicos que sí consigamos (tanto en las ciencias ‘duras’ como en las ‘blandas’, por no mencionar otras prácticas de ‘conocimiento’ de la realidad) impulsen nuestro devenir-otro colectivo. La premisa de ‘Scientific Romance’ refleja estas demandas estereoscópicas—poniendo en funcionamiento la tensión entre ‘realidad' científica (que hoy en día ya no puede ser reducida al empirismo, dado que la propia estimulación respalda, cada vez con más frecuencia, las metodologías experimentales) 8 y la idealidad especulativa de la inexistencia (aquello que no nos es dado de manera directa pero que existe como una anticipación de lo que podría ser). Más aún, el ángulo ‘romántico’ en general, fuera de la historia del paradigma del Romanticismo, se refiere a una necesidad libidinal de ser seducidos por conceptos, no simplemente llegar a saber de ellos, sino ser asimilados y movidos a la acción por ellos.

Endémica a un proyecto de estereoscopia Romántica/Científica es la necesidad de instrumentalizar una interfaz entre “idealidad conceptual y realidad física” 9 para así forjar nuevas perspectivas sobre el planeta, nuestra posición dentro de él y las formas en las que podemos intervenir en él de manera justa. Como pensador de la estereoscopia, Wilfrid Sellars insistía en la paridad constitutiva entre lo que él denominaba imagen manifiesta (cómo nos vemos a nosotros mismos como sujetos humanos en el mundo) y la imagen científica (cómo nos conocemos a nosotros mismos como objetos físicos en el mundo, y cómo conocemos el propio mundo físico) 10—atendiendo a la forma en la que estos modos de conocimiento producen un feedback dinámico. Mediante la construcción de una estereoscopia interfacial entre estos dos modos, se abren espacios mentales y materiales para una contaminación fructífera, donde un auto-entendimiento mutado abre nuevos territorios para la investigación colectiva y la construcción de instrumentos, que a su vez alimenta, sucesivamente, nuevos modelos de auto-entendimiento. Dicho feedback entre idealidad y realidad funciona no porque la ‘ciencia’ produzca verdades autoritarias y definitivas que guíen nuestras ingenuas concepciones propias, sino porque somos criaturas capaces de asir conceptos y ser asidas por los conceptos de manera bidireccional: podemos usarlos como prótesis cognitivas, que superan nuestro limitado aparato sensible, mientras que los conceptos son capaces de remodelarnos. 11

La gran riqueza de las posibilidades reales y generales excede con creces el ámbito ‘existente’ y forma un continuum ‘verdadero’, en el que lo existente debe verse como un tipo de discontinuidad. 12

Este movimiento bidireccional instaura una interacción generativa entre metanoia y pronoia.

Metanoia describe un momento de auto-transformación conceptual (una transformación de la imagen manifiesta); 13 describe ese momento en el que nos topamos con una idea a partir de la cual nuestra perspectiva sobre el mundo entero es dramáticamente alterada. Mientras que pronoia, al significar tanto previsión como cuidado, describe la ramificación de esa misma transformación, siendo por tanto el nuevo horizonte diagramático que se hace posible a partir de ese giro perspectival. 14Scientific Romance’ supone un marco dentro del que ambas fuerzas se encuentran la una con la otra, una descendencia especulativa similar a la ciencia romántica explorada por Novalis en su proyecto de ‘enciclopedismo’, esbozado en la Allgemeine Brouillon. 15 El enciclopedismo se diferenciaba de los esfuerzos totalizadores de las propuestas enciclopédicas francesas de la época, que constituían intentos de catalogar, secuenciar y alfabetizar el alcance del conocimiento humano; el enciclopedismo de Novalis, por el contrario, se puede entender como un intento de construir un continuum a través de las artes y las ciencias que tomase la forma de un tipo de ciencia universal, priorizando la interacción entre idealismo y realismo. 16 Vemos, en Novalis, pistas hacia una tendencia estereoscópica: una insistencia en el compromiso productivo y simultáneo con el mundo conceptual y material (lo que exige encontrar formas para traducir de una parte a la otra a lo largo de este eje); una insistencia también en la insuficiencia de una aproximación a la ‘totalidad’ a partir de una colección de ‘partes’, y en la necesidad, por el contrario, de articular los hilos comunes y las condiciones del entorno que permiten su cohesión en un todo. Un cometido romántico-científico tan temprano como este resulta instructivo—no porque necesitemos hoy un ‘Idealismo Mágico’ que pretenda transformar la naturaleza a partir de la voluntad pura y la imaginación, como era la apuesta de Novalis, sino por la forma en la que el pensamiento proveniente de distintos campos de conocimiento es abstraído, mezclado y re-articulado sobre otros ámbitos en un esfuerzo por potenciar su fuerza de manera genérica. 17

La movilización de la estereoscopia, el movimiento bidireccional entre conceptos y realidad, es un lugar de tránsito crucial para la politización; está reforzada por un poder potencial predicado sobre nuestra capacidad para la auto-transformación perspectival y la ramificación de dichos idealismos a través de medios pragmáticos experimentales. Nuestra era computacional de escala planetaria no es solo una realidad tecno-material que se encuentra ‘ahí fuera’ para ser diseñada; está impregnada de nuestros prejuicios, suposiciones perspectivales y epistemes integradas (la condición de posibilidad previa para que ciertos conocimientos puedan llegar a existir y ser pensados), que dirigen sus posibles valores de uso y trayectorias de innovación. Es por el hecho de que idealidad y realidad (en especial la realidad plástica creada por y para los humanos) estén tan profundamente entrelazadas que una llamada a un ‘romance científico’ es, a pesar del esbozo algo más elaborado que hemos realizado más arriba, en realidad algo relativamente modesto, que afirma la necesidad de atraer a las ciencias duras y blandas hacia una relación substancial más fuerte y de mutua contaminación (‘las ciencias’, aquí, en su sentido más amplio, no están limitadas a las instituciones de conocimiento autorizadas por el norte hegemónico).

Como apunta Wendy Chun en su análisis de los efectos segregadores de las actuales estructuras online de red, en lugar de aquellas tempranas promesas utópicas sobre un ciberespacio ilimitado, nos encontramos hoy atrapados en cámaras de resonancia en las que una inquietante estrechez de miras se ramifica. Reforzando este efecto están las ‘blandas’ suposiciones sociológicas adheridas a las estructuras de red conocidas como ‘homofilia’—la lógica según la cual ‘los pájaros que comparten plumaje vuelan juntos’, creando así un espacio de armonía que privilegia la igualdad frente a la diferencia, en el que lo afín engendra afinidad ad infinitum. 18 La reestructuración de estas redes requiere de la intervención de las humanidades, de un movimiento crítico que desnaturalice la ‘homofilia’, y desplace esta condición del ámbito exclusivo de la ingeniería tecno-científica. Estas estructuras de redes que delimitan cada vez más el ámbito de interacciones posibles entre el mundo online y el offline no son otra cosa que una materialización de nuestros prejuicios, lo que significa que ya existe una paridad constitutiva entre las ciencias ‘duras’ y ‘blandas’. Sin embargo, esta ‘igualdad’ entre los ámbitos de conocimiento no significa que éstos sean igualmente decisivos en términos sociales o políticos. Algo parecido al argumento que esgrime Jacques Rancière en El desacuerdo, donde indica que la única forma en la que puede darse el orden en una sociedad es porque existan quienes dan órdenes y quienes obedecen esas órdenes; pero es determinante que, con el fin de que esta estructura de dominio se perpetúe, se entienda la orden y se entienda también que uno debe obedecerla—y esto, afirma Rancière, es la necesaria ‘igualdad’ contingente que existe en la base de la desigualdad. 19 La política, como tal, consiste en reclamar y hacer accesible y accionable esa igualdad contingente—donde la politización es proporcional a la propia demostración de paridad. Aunque el argumento de Rancière solo atañe a sujetos humanos, el concepto es aun así aplicable también a la politización de los ámbitos de conocimiento. Cada vez parece más urgente que las humanidades afirmen esta igualdad constitutiva ya existente con el fin de alcanzar una democratización sólida 20 de la tecno-ciencia que gire hacia horizontes de justicia y servicio para la mayoría. Una justicia ‘alien’, xenofílica, que debe hoy, no solo confrontar la profunda y arraigada discriminación/desigualdad entre humanos, sino también enfrentarse a nuestra condición de escala planetaria, en la que nuestra ‘posición’ genérica como humanos requiere simétricamente un descentramiento intensivo.

Tanto la era del Antropoceno como nuestras condiciones tecno-materiales nos obligan a integrar un trauma copernicano en nuestra auto-imagen genérica, en la que nuestra posición dentro de una explicación multi-sistémica de la realidad no puede ya entenderse como aquel ‘centro radiante’ de actividad 21 (más aún cuando los humanos ya no pueden atribuirse tampoco el monopolio sobre la facultad de la inteligencia, ya que la Inteligencia Artificial General defiende la diversificación de lo que supone y significa ‘inteligencia’ y todo lo que puede hacer). ¿De qué manera puede esta nueva auto-imagen ‘alien’ (arriesgada e incierta como es) generar nuevos potenciales de uso perspectivales para ser e intervenir en el mundo de manera diferente? ¿Cómo puede crear nuevas cartografías de ‘nosotredad’? ¿Cómo se inscribirá en el mundo material y social, en el que se hace cada vez más evidente que las políticas limitadas por principios de chovinismo antropocéntrico ya no son suficientes para las exigencias abstractas y de escala planetaria a las que nos enfrentamos? Ahora más que nunca, a medida que vemos cómo el creciente rechazo de nuestra compleja y entretejida condición se manifiesta en la forma de ‘ideales’ nacionalistas anacrónicos, nuestra situación definitivamente arriesgada e incierta no puede seguir utilizándose como justificación o táctica dilatoria para la no-acción. La manera en la que aprendemos a modelar conceptualmente e incorporar estos idealismos dentro de justificaciones pragmáticas es precisamente el motivo por el cual la política debe hoy movilizarse a un nivel sintético, recordando que la síntesis es un movimiento de ida y vuelta a través de la mediación, la integración y la iteración. Concebida como pragmática, lo que esta ‘síntesis’ describe es el funcionamiento genérico de una interfaz—donde la interfaz no sólo reduce la complejidad de una manera no-trivial con el fin de favorecer la accesibilidad interactiva, no sólo arbitra las traducciones de signos de manera bi-direccional a lo largo de dominios dispares, sino que, sobre todo, la interfaz “fija y limita” las posibilidades navegacionales, “narrativizando” el significado de esas mismas posibilidades. 22

Dado que las políticas de la interfaz operan en ambas direcciones (y hay aquí un poder que no ha de ser infravalorado), no debemos perder de vista la fuerza de la narración para incorporarse a la diagramación de esos mismos límites navegacionales. Esto, por supuesto, no supone una defensa de una trivialidad impotente en la que simplemente podemos re-narrativizar un ‘mundo mejor’ como si los desafíos que están en juego fuesen simplemente imaginarios y plásticos, totalmente susceptibles a los procedimientos ficticios. La realidad es, de manera simultánea, formada por nosotros, indiferente a nosotros e invariable con respecto a nosotros—y nuestras subsiguientes narrativas para una asimilación inversa deben movilizar estas limitaciones. Para que las fuerzas narrativas participen de manera política y substancial en las dinámicas recíprocas de la interfaz, deben también enredarse dentro de las dinámicas recíprocas que se dan entre lo ideal y la realidad, no como un espacio de extravagancia fantástica (pese a que la realidad puede ser increíblemente extraña), sino ramificando lo hipotético. Esto es, no solo presentar o narrar lo que sea el conocimiento nuevo, sino también especular sobre las consecuencias que esta nueva transición epistémica implica. Lo hipotético, como concepto móvil, es siempre incierto, nunca libre de riesgo, pero siempre potencial. Sin duda, este potencial es volátil; susceptible tanto a promesas utópicas como distópicas y a la condición de ‘límites que se fijan’, que es por lo que la incertidumbre endémica a todo conocimiento no puede continuar siendo una excusa para el estancamiento de la acción. El futuro solo será hipotético; resignarnos a la imposibilidad de intervenir en su modelado, simplemente porque no podemos garantizar los resultados, es un modo de violencia laissez-faire; una violencia conceptual y material que niega la mutabilidad de lo dado, una calcificación conceptual que ciertamente se aferra a una garantía: la de la tragedia.


Referencias


  1. Wendy Hui Kyong Chun, “On Hypo-Real Models or Global Climate Change: A Challenge for the Humanities” en Critical Inquiry, Vol. 41, No. 3 (Spring 2015), (Chicago: Chicago University Press), 675-703. 

  2. Ibid. 

  3. Ver Benjamin H. Bratton, The Stack: On Software and Sovereignty, (Cambridge: MIT Press, 2015); Nick Srnicek y Alex Williams, Inventing the Future: Postcapitalism and a World Without Work, (New York: Verso, 2015); Laboria Cuboniks, Xenofeminism: A Politics for Alienation, 2015 (http://laboriacuboniks.net/

  4. Guerino Mazzola y Reza Negarestani entrevistados por Glass Bead, MoMA's AV Recording Studios, New York, 2014. Grabación de audio aquí: http://www.glass-bead.org/audio-research/guerino-mazzola-and-reza-negarestani/?lang=enview 

  5. Le agradezco a Anke Hennig que haya introducido este término en mi vocabulario en una conversación sobre ‘xenoismo’ que pronto se publicará en un volumen sobre ‘xeno-arquitectura’ de Sternberg Press (2017). 

  6. Fernando Zalamea, Synthetic Philosophy of Contemporary Mathematics, trad. Zachary Luke Fraser, (Falmouth: Urbanomic/Sequence Press, 2012). 

  7. En otra ocasión me he referido a ello como una ‘omisión geométrica’, en tanto que los puntos y las particularidades nunca existen de manera aislada; no existen en un espacio vacío en el que pueden ser diseccionados para generar una imagen adecuada del objeto en cuestión. Por lo que, aunque es fundamental trabajar por conocer y abordar la situación local y las diferencias que conlleva, es de igual importancia tener en cuenta que estos puntos existen en un milieu, que existen en un campo y que es este contexto lo que constituye su vecindad genérica. La omisión geométrica, que ocurría con frecuencia en el pensamiento postestructuralista, consiste en tratar estos puntos como si pudiesen ser adecuadamente concebidos fuera de su carácter genérico. 

  8. Margaret Morrison, Reconstructing Reality: Models, Mathematics and Simulations, (Oxford: Oxford University Press, 2015). En este libro, Morrison plantea (a través de las condiciones experimentales para la demostración experimental del bosón de Higgs en el Gran Colisionador de Hadrones), que es necesario repensar las distinciones científicas entre experimento y simulación, en tanto la simulación es en sí misma una metodología necesaria para alcanzar un resultado experimental en numerosos proyectos científicos actuales. 

  9. Ray Brassier, “The View from Nowhere”, en Identities: Journal of Politics, Gender and Culture Vol. 8, No. 2, Summer 2011, 6–23. 

  10. Ibid., 8. 

  11. Ibid., 9. 

  12. Fernando Zalamea, Peirce’s Continuum: A Methodological and Mathematical Approach, (Bogota: University of Bogota, 2001), 15. http://uberty.org/wp-content/uploads/2015/07/Zalamea-Peirces-Continuum.pdf 

  13. Armen Avanessian y Anke Hennig, Introduction to Metanoia oder: Wie Lesen die Welt verändert (Berlin: Merve Verlag, 2013). 

  14. Kenneth J. Knoespel, "Diagrams as Piloting Devices in the Philosophy of Gilles Deleuze" en Deleuze chantier, (Saint-Denis: Presses Universitaires de Vincennes, 2001), No.19, 145-165. 

  15. Novalis. Notes for a Romantic Encyclopaedia: Das Allgemeine Brouillon, trad. David W Wood, (Albany: State University of New York Press, 2007). 

  16. David W. Wood, ‘Introduction’, en Notes for a Romantic Encyclopaedia: Das Allgemeine Brouillon, trad. David W Wood, (Albany: State University of New York Press, 2007) ix-xxx. 

  17. El legado de los que podríamos denominar como una interdisciplinariedad promiscua de Novalis se puede hoy encontrar en el trabajo del matemático y filósofo Fernando Zalamea. Ver Fernando Zalamea, Synthetic Philosophy of Contemporary Mathematics, trad. Zachary Luke Fraser, (Falmouth: Urbanomic/Sequence Press, 2012). 

  18. Wendy Hui Kyong Chun, “The Middle to Come”, Panel discussion, transmediale: ever elusive, Berlin, February 5, 2017. 

  19. Jacques Rancière, Disagreement: Politics and Philosophy, trad. Julie Rose, (Minneapolis: University of Minnesota Press, 1999) 16. 

  20. Quisiera dejar claro que uso el término ‘democratización’ en un sentido rancièriano, en el que la democracia no se puede equiparar con una estructura institucional, sino con un movimiento de personas (demos). En su teoría, democracia=política=afirmación de la igualdad contingente. 

  21. Benjamin H. Bratton, The Stack: On Software and Sovereignty, (Cambridge: MIT Press, 2015). 

  22. Benjamin H. Bratton, The Stack: On Software and Sovereignty, (Cambridge: MIT Press, 2015), 219. 

Patricia Reed is a writer, artist and designer based in Berlin. She is a member of the xenofeminist collective Laboria Cuboniks and a board member of the New Centre for Research & Practice.